

El domingo por la noche llegó para quedarse. La verdad es que nunca me gustaron los gatos y menos dentro de la casa; y tengo una gata que vive en el garaje y se pasea muy oronda por toda la casa; ironías de la vida.
Como buena madre malcriadora que soy, no pude resistir el puchero de mi hijo cuando me rogaba que la aceptemos y no puedo dejarla en el patio porque es muy chiquita y homero, el perro, la devoraría como si fuera un bocadito. La verdad es que se hace querer, no se, espero no arrepentirme más adelante...